Los lugares Colombinos
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Asomándose a la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, por entre un bosque de Pinos de un verdor exubarente, aparece el Monasterio franciscano de
La Rábida.
Pincelada blanca de cal, luminosa y fresca, sobre una suave atalaya desde la que hacen ya medio milenio sus moradores desearon buena ventura y mejores vientos a las naves descubridoras.
Aquellas que fueron a cambiar el rumbo de la historia de occidente tras la formidable aventura americana.
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Entre sus muros aún resuenan las palabras y también las ideas que intercambiaran Colón y los frailes sabios.
Palos,
Moguer,
La Rábida
en estas orillas, tan americanas en el corazón de sus gentes, la memoria colectiva hace perdurar el recuerdo y el homenaje a quienes se dieron a la mar incierta para protagonizar una gesta tan trascendente.
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